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Publicado el Nov 10, 2017 | 0 comentarios

Por qué estoy de tan mal humor y veo todo gris por Lucy Tomairo

Por qué estoy de tan mal humor y veo todo gris por Lucy Tomairo

lucy tomairo_apjLucy Tomairo

Psicóloga Educativa, especialista en psicopedagogía, miembro del equipo técnico de Aprendamos Juntos.


¿Has visto la película de dibujos animados “Intensamente”?.  Si no la has visto te la recomiendo muchísimo, es una forma divertida de “ver” nuestras emociones en acción. Y aunque algunos digan que faltan otras emociones, yo creo que los demás son matices de las que se muestran ahí: alegría, tristeza, ira, miedo y disgusto.

Pues bien, en ocasiones algunas de estas emociones pueden llevarnos a cambiar nuestro estado zen y convertirnos en Hulk o el payaso Lagrimita. Y como en la película, no quiere decir que las emociones como tristeza, ira, etc. sean las malas y la alegría por ejemplo la buena.  A veces ser una persona súper alegre a nivel extremo no ayuda, por que dejamos de ver el panorama real de las cosas. Lo mismo con la tristeza si la dejamos apabullarnos. Ser positivo no es dejar de ser realista, es ver la cosas en su real dimensión, evaluar si podemos hace un cambio o no de la situación o si somos nosotros los que debemos cambiar.

En ocasiones he sentido que ese pitufo Gruñón que todos tenemos dentro me quiere gobernar y lamentablemente lo ha logrado. Los que me conocen dirán, pero si no pareces que fueras gruñona, eres tan paciente y siempre andas sonriendo. Y es cierto, mi estado natural es tratar de ver las cosas positivamente, siempre digo “de todo se aprende”, incluso de las experiencias negativas. Pero la que soy ahora no es la misma que fui desde pequeña. Siendo niña y adolescente recuerdo que era muy renegona y podía molestar a mis hermanas hasta hacerlas renegar también a ellas y si me molestaban también podía ser todo un mar de llanto.  Lo peor era que guardaba mis molestias y fastidios hasta que ya no podía más y explotaba, me podía pelear con alguien o llorar de la ira que me invadía cuando sentía que me habían hecho daño.  Me ayudó mucho cuando mis padres me llevaron a una consulta psicológica en la etapa que debía pasar una orientación vocacional. Fui para clarificar sobre mi futuro académico pero  terminé viendo más allá. Ese fue uno de los tantos momentos que marcaron un antes y después en mi vida. Empezar a entender el porqué  de mi conducta, porqué me sentía de una u otra manera al creer que nadie me entendía, rollos muy normales en los adolescentes que tratan de establecer su independencia, de los otros y de sí mismo al querer y no querer dejar de ser niño.

Pues bueno, fui así madurando y atravesando situaciones diversas. De todas fui aprendiendo, aunque en un inicio no pensara de esa manera. El luchar contra una emoción que te quiere dominar no es fácil si primero no la has sacado al claro, a tu consciente.  Verla como quien la ve desde un sitio externo, analizar el porqué de esta emoción que me quiere manejar a su antojo y sentir que debo dejarme llevar. Empiezo a buscar culpables de mi emoción, el actuar de los otros, el tráfico, el estado, el clima, etc. Pero sabes que, puedes estar en medio de una hermosa primavera, con el cálido sol dándote a la cara y los colores vivos de las flores dándote la bienvenida, pero tú vas por ahí con tu nube sobre la cabeza o tu rayo en la mano, dispuesto a lanzarlo de ser necesario sin importar a quien se lastime. Y lo peor es eso, cuando sabes que heriste a alguien sin querer hacerlo, te sientes culpable, pero ahí aparecen otros dos que no te dejan corregir rápidamente tu error, la vergüenza y el orgullo. Pero de estos no hablaremos a detalle aquí.

Claro que hay momentos de claridad, piensas que no puedes dejarte abatir por las cosas o dominar por los otros. Escuchamos decir que no debes dejar que otra persona influya tan poderosamente en ti como para agriar tu humor. Pues es cierto, tú decides qué sentir, el otro puede actuar como desee, pero quien finalmente elige cómo se afectará eres tú mismo, fácil de decir ¿verdad?, tan difícil de aplicar. Difícil pero no imposible, como todo en esta vida, requiere paciencia y práctica. Paciencia con nosotros mismos, porque por ahí debemos empezar, no maltratarnos ni minimizarnos. Todo cambio toma tiempo, dejar nuestros viejos patrones de pensar y actuar nos hará sentir más livianos, sin cargas y con la mente libre para enfocarnos en lo productivo.

Así que ya sabes, ante alguna situación que se te presente, respira, piensa, siente y responde. Las emociones son buenas, si las mostramos en el momento adecuado y no dejamos que nos apabullen.

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